
EL KIOSKO
Pocas cosas me hacían más ilusión que ir los domingos al paseo y, después de misa, comprarme los sobres que vendía el Callosino con tanques y cosas por el estilo, para luego pasarme el día «arrancándolos» del plástico que los unía. No era una Wii ni una Nintendo, pero teniendo aquellos ejércitos ¿quien necesitaba más? Me pregunto a que cielo habrán ido a parar…


