PAISAJE INTERIOR (6ª) Juliana Pequeña

La Juliana Pequeña
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Entre la silueta de viejos Olmos se oculta desde la autovía de Alicante a Cartagena “La Julianita”, parte de una finca que llega hasta el Hoyo Serrano y que ocupa una pequeña porción de nuestro término municipal, propiedad del IV Marqués de Cordellas, Alfonso Pons y Trénor (1924-2003). 

Él mismo construyó a finales de los años cuarenta, sobre una más antigua, la enorme vivienda cuya silueta todos hemos visto camino de Torrevieja y que contaba con un precioso jardín, también diseñado por él, donde transcurrió una parte importante de su vida, y la de toda su familia.
Lamentablemente, a mediados de los años setenta, el vandalismo (entre muchas otras causas) la dejó en el estado en el que ahora la encontramos.
Su abandonado jardín, lleno de Olmos tristemente enfermos, crean una atmósfera única y diferente. Visitar el paraje en otoño, oír los pájaros que anidan en sus troncos vacíos o simplemente pasear, es algo que recomiendo. 

Aunque hay otra parte que no he querido fotografiar,  la que nosotros, poco a poco, vamos transformando en un vertedero. Primero un coche con un colchón viejo, después un camión con algunos trastos viejos, escombros…
Ya tiene los días contados.

Testimonio de su hija:
«Siento una gran impotencia e inmensa tristeza ante estas imágenes del que fuera mi hogar durante mi infancia.

Las circunstancias nos obligaron a dejar de vivir en ella y venir a Madrid. Seguíamos yendo en vacaciones, pero a mediados de los 70 nos robaron… ya había un camión contratado para ir allí con mi madre y algunas de mis hermanas mayores de inmediato tras el primer robo para recoger lo que quedaba e intentar poner una puerta y lla denuncia…y no dio tiempo, vino el segundo robo al día siguiente, con vandalismo incluído. No conformes con robar, aquello que no robaron lo destrozaron: fotos familiares, libros, documentos, los vestidos de Comunión de mis hermanas, recuerdos…todo…también destrozaron la casa con mazas, pintadas, se hicieron toda clase de necesidades escatológicas y pintaron las paredes con ellas, etc. Se pudo rescatar poca cosa, muy poca cosa y deteriorada.

Se me rompe el alma.
Algún día, con más ánimos,os contaré más.
Los olmos, Jose, por desgracia no hay cura para ellos, llevan años enfermos, lo que no sé es lo que están durando en esta plaga que ha acabado en Europa con tantos bosques de olmos… mi padre lo intentó con toda su alma, los quería hasta puntos insospechados.»
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