«LLAMPANDO»

Hay palabras de nuestra huerta que cuesta sustituir por otra sin que pierdan parte de su gracia. «Llampando» es una de ellas.
En Por tierras de aluvión, Manuel Galant la recoge con dos sentidos muy cercanos: estar hambriento, pero también estar deseando con muchas ganas algo que no se tiene.
Así que uno podía llegar a casa después de toda la mañana trabajando y decir:
—¡Estoy llampando!
Y no hacía falta explicar mucho más. Había hambre. Y de la buena.
Pero también se podía estar llampando por conseguir algo, esperando aquello que se deseaba con impaciencia.
Galant incluso aventura una explicación muy curiosa para su origen: quizá comenzara como una especie de «llamando al pan», cuando lo que se ansiaba era precisamente lo necesario para llenar el estómago, y con el tiempo acabara aplicándose a cualquier deseo intenso. El propio autor lo plantea como una interpretación, no como una etimología demostrada.
1996_Galant_Por-tierras-de-aluvion.pdf
Una palabra sencilla que nos devuelve a una época en la que, después de una jornada en la huerta, llegar llampando a la mesa tenía un significado muy literal.
Y quizá alguno todavía la utilice.
¿Se decía «llampando» en tu casa? ¿La sigues diciendo?
📚 Fuente: Manuel Galant Pérez, Por tierras de aluvión (1996).
