CUANDO EN ALMORADÍ SE HABLABA DE OTRA MANERA

En 1996, Manuel Galant Pérez publicó Por tierras de aluvión, un libro que hoy tiene todavía más valor que cuando apareció. Su intención era rescatar palabras, dichos y expresiones de la Vega Baja que ya entonces comenzaban a desaparecer.
El propio autor advertía que aquello no era un diccionario, sino un documento sobre «la pequeña historia de los que nos precedieron en el vivir, en el hacer y en el soñar».
Y al recorrer sus páginas aparecen auténticas joyas.
¿Recordáis estar «desjonsao»? Era llegar molido después de una jornada dura. «Arrecuncunao» era quedarse recogido y protegido en un rincón. «Llampando», estar muerto de hambre o deseando algo con todas las ganas. Y cuando algo no valía gran cosa se decía que «no tenía melis ni enjundia».
Pero el libro cuenta mucho más.
Galant recuerda, por ejemplo, el «sostre», el pequeño cuarto trastero de las antiguas barracas. Explica cómo aquellas viviendas humildes se levantaban con barro, paja, cañas y otros materiales disponibles en la propia huerta.
También aparece una curiosa forma de cerrar los negocios: «pagar en el culo de la gramaera». Las compraventas de animales o productos se ajustaban muchas veces en la puerta de la casa y allí mismo podía hacerse el pago.
Y están los juegos. Cuando apenas había dinero para juguetes, una caña entre las piernas podía convertirse en caballo; los niños fabricaban pelotas enrollando trapos y hacían sus propios arcos y cometas. Las niñas confeccionaban su «moña» con un trapo relleno de tierra, paja o serrín. La imaginación hacía el resto.
El libro conserva expresiones que todavía hoy harán sonreír a muchos: «abonico», «enferrinarse», «a malas penas», «encalar» una pelota, «regomello», «esturriar», «garnatás»… Palabras que quizá nuestros hijos ya no escuchen, pero que para varias generaciones fueron absolutamente normales.
Hay además un recuerdo personal especialmente llamativo. Galant cuenta que, siendo niño, se «encaramitaba» al estercolero del tío Pepe el Viejo para escuchar y observar a lo lejos los bombardeos sobre Cartagena durante la Guerra Civil. Es uno de esos pequeños recuerdos que convierten el vocabulario en memoria.
Por tierras de aluvión fue, en realidad, una carrera contra el olvido. Manuel Galant escribió que el viejo «panocho» se iba diluyendo con la distancia y anotaba una palabra cada vez que alguna regresaba desde sus recuerdos.
Casi treinta años después, muchas de aquellas voces efectivamente han desaparecido del habla cotidiana. Pero quedaron aquí, impresas.
¿Cuántas de estas palabras recuerdas haber oído en casa? ¿Y cuál añadirías tú?
📚 Fuente: Manuel Galant Pérez, Por tierras de aluvión, Almoradí, 1996.
