Separados de Orihuela… pero no del todo

El 5 de octubre de 1583 Almoradí consiguió algo extraordinario: convertirse en una Universidad «distinta y separada» de Orihuela.

Pero si pensamos que desde aquel día Orihuela dejó de tener autoridad sobre Almoradí, nos equivocamos. La separación tenía letra pequeña.

👑 Felipe II concedió autonomía, pero puso límites

Almoradí podía gobernarse, tener autoridades propias, aprobar ordenanzas, celebrar mercado y administrar buena parte de sus asuntos.

También consiguió Justicia propio y jurisdicción civil sobre sus vecinos. Pero cuando llegamos a los delitos más graves, Felipe II marcó una línea muy clara.

El privilegio concedía jurisdicción criminal al Justicia de Almoradí, excepto en los casos de muerte y mutilación de miembros.

Esos asuntos continuaban correspondiendo a la Justicia de Orihuela.

Y Almoradí intentó cambiarlo. Los representantes de Almoradí solicitaron que su Justicia pudiera conocer todos los casos criminales cometidos dentro de su jurisdicción, incluidos aquellos que podían acabar con penas de prisión, galeras, destierro e incluso penas muy graves.

Llegaron a pedir capacidad para someter a tormento a los acusados cuando fuese necesario según la justicia de la época.

Era, en definitiva, una petición para reducir todavía más la dependencia judicial de Orihuela.

¿La respuesta de Felipe II? No.

El Rey mantuvo los límites establecidos por los fueros. En determinados asuntos la apelación debía dirigirse a autoridades superiores, como el Gobernador y otros oficiales reales de Valencia.

Es decir, Almoradí salía de la tutela municipal de Orihuela en muchos aspectos, pero no se convertía en una jurisdicción soberana.

Seguía formando parte de toda la estructura política y judicial del Reino de Valencia.

💰 Y quedaban las deudas con Orihuela

Separarse tampoco significaba decir:

«lo anterior ya no es asunto nuestro».

El privilegio dedica varios capítulos a algo mucho menos romántico: las cuentas pendientes.

Almoradí debía continuar pagando la parte que le correspondiese de determinadas deudas, censales y cargas contraídas anteriormente por Orihuela.

Había que calcular cuánto correspondía a cada población.

Incluso se estableció un procedimiento para revisar las cuentas: Orihuela nombraría un experto y Almoradí otro, y ambos examinarían ingresos y gastos. Si no se ponían de acuerdo, intervendría el Baile General.

Separarse sí. Pero las deudas no desaparecían. Por eso quizá sea mejor no imaginar el 5 de octubre de 1583 como un corte limpio entre Almoradí y Orihuela.

Fue el comienzo de un proceso.

Almoradí consiguió muchísimo: gobierno, administración, autoridades y justicia propios.

Pero Orihuela continuaba apareciendo cuando entraban en juego determinadas competencias judiciales, antiguas obligaciones económicas y cuestiones territoriales.

Y nuestros antepasados debieron de comprobarlo muy pronto.

Porque apenas 21 años después, en 1604, el Síndico de Almoradí escribía que, pese a haber sido segregados, seguían recibiendo:

«cada día molestias del Gobernador y Justicia de dicha Ciudad»

Y Almoradí decidió intentarlo otra vez.

Esta vez ya no quería conformarse con ser Universidad.

Quería convertirse en algo más: EN VILLA REAL Pero esa historia merece su propio capítulo.