En turismo también “se hace camino al andar…”

Un año intenso para el turismo en Almoradí. Un año de esos que, cuando lo miras con un poco de perspectiva, te das cuenta de que han pasado muchas cosas importantes… y no por casualidad.

Durante estos meses se han consolidado proyectos que llevaban tiempo gestándose y han nacido otros nuevos que refuerzan algo que siempre he defendido: Almoradí tiene un relato propio que merece ser contado, desde la gastronomía, la cultura y la memoria.

El Congreso Nacional de la Alcachofa, fiesta de Interés Autonómico y camino de alcanzar carácter navional , volvió a demostrar que no hablamos solo de un evento gastronómico, sino de identidad, de huerta, de agricultores, de hostelería y de un pueblo que sabe convertir un producto en motor cultural y turístico. El congreso ya forma parte de lo que somos.

Hemos dado también un paso más al apostar por la cultura contemporánea como herramienta de proyección. La performance de nuestro paisano Daniel G. Andújar, celebrada en enero y en el marco del propio congreso, no fue un gesto aislado: fue una declaración de intenciones. Almoradí puede dialogar con el arte actual sin perder sus raíces, y eso abre nuevos públicos y nuevas miradas.

Uno de los momentos más especiales fue, sin duda, la inauguración del Museo del Terremoto. Un espacio necesario para comprender el episodio que marcó para siempre la historia de Almoradí y de toda la Vega Baja. A partir de ahí, las actividades del Ecomuseo, las rutas y las acciones divulgativas han permitido conectar territorio, paisaje y memoria colectiva.

A todo ello se suman las rutas turísticas guiadas, la puesta en valor del mercado semanal como experiencia turística en sí misma, las campañas de dinamización del centro urbano y una sala de exposiciones que mantiene una programación constante y viva. Pequeñas y grandes acciones que, juntas, construyen un modelo de turismo durante todo el año.

Este balance llega ahora, en la antesala de Fitur, donde Almoradí seguirá trabajando su proyección exterior. Pero más allá de ferias y escaparates, lo importante es el camino recorrido: un turismo ligado a la cultura, a la gastronomía, a la historia y a la identidad de un pueblo que sabe de dónde viene y hacia dónde quiere ir.

Seguimos.