LOS “AGUAORES” DEL RAIGUERO

Actualmente abrimos un grifo y sale agua. Parece lo más normal del mundo. Pero hubo un tiempo en el que disponer de ella exigía aprovechar hasta la última gota que caía del cielo.
En El Raiguero, la pendiente natural del terreno permitió construir numerosos aljibes que recogían el agua de lluvia y las escorrentías, almacenándola como lo que realmente era entonces: un tesoro.
Aquellos aljibes no solo abastecieron a las familias. También dieron lugar a un oficio muy ligado a este lugar: los aguaores. El tío Mingo, Damián, Pablo o Juan «el Gato» fueron algunos de aquellos hombres que cargaban sus carros para repartir agua por la comarca.
Era un trabajo duro: un jornal podía suponer transportar una bota, alrededor de mil litros de agua.
Uno de aquellos aguaores fue el tío Damián, al que vemos en estas magníficas fotografías sentado a la puerta de casa, aparentemente trabajando el esparto. Una escena sencilla que retrata perfectamente aquella vida hecha de pequeños oficios, esfuerzo y aprovechamiento de todo cuanto ofrecía el entorno.

Un mural de azulejos en las antiguas escuelas recuerda esta singular historia. Porque hablar de los aljibes de El Raiguero no es hablar solamente de agua: es recordar a quienes hicieron de ella su oficio y su forma de vida.

Damián, uno de los antiguos aguaores de El Raiguero, aparentemente trabajando el esparto a la puerta de casa.
