Las destilerías de Aguardiente

En las actas de finales del XIX encontramos una palabra que se repite con frecuencia: aguardiente. El vino y su destilado eran parte esencial de la vida local. No solo en las fiestas, sino en la propia economía del municipio.

El Ayuntamiento controlaba con precisión los arbitrios sobre el vino y el aguardiente, impuestos locales que gravaban su producción y venta. Cada taberna debía declarar lo que servía; cada fabricante, lo que elaboraba.
De ese control salían los fondos para pagar obras públicas, alumbrado o salarios municipales.

El aguardiente estaba presente en celebraciones, ferias y reuniones. Pero el consistorio no lo dejaba al azar.
Las actas muestran inspecciones en tabernas y bodegas para comprobar que se usaban medidas reglamentarias y que los productos eran de buena calidad.

Más allá de lo fiscal, el vino y el aguardiente fueron símbolo de identidad y sustento económico de Almoradí. Representaban el trabajo de la tierra y el ingenio de quienes supieron transformarlo en riqueza.

Imagen: botella de aguardiente en el Museo del Terremoto.