La noche de las Ánimas

En el calendario 📅 de nuestros mayores había una fecha que no podía pasarse por alto: el Día de Todos los Santos🪦. Nuestros ancestros sabían que esa noche los difuntos caminaban entre nosotros.
Para alumbrarles el regreso encendían velas 🕯️ y mariposas 🔥 de aceite en cuartos apartados, y hasta la cama arreglaban y dejaban intacta, pues decían que en ella vendrían a reposar las almas cansadas de tanto vagar. Nadie osaba sentarse allí: profanar aquel lecho era tentar la ira de los espíritus.

La familia se recogía alrededor de la bata camilla, mientras el brasero chisporroteaba y el frío se apretaba contra las paredes. Sobre la mesa, dulces, calabaza asada, arrope y gachas servían de ofrenda velada, y entre sorbo y sorbo de licor brotaban las historias de aparecidos. Se narraban voces que reclamaban justicia, espectros que vagaban por los caminos, niños que lloraban pidiendo un entierro digno, y sombras que se deslizaban bajo las puertas en busca de calor humano.

El miedo calaba en los huesos 🦴: los pequeños se negaban a dormir solos, los mayores apagaban las luces con recelo. Porque en esa noche nadie estaba seguro de quién cruzaría el umbral: un abuelo querido, un vecino arrepentido… o un alma vengativa que venía a ajustar cuentas.

Hoy la tradición se ha ido desvaneciendo, engullida por la alegre máscara de Halloween.