LA CARNE EN EL ALMORADÍ DE 1889: MUCHO MÁS CONTROLADA DE LO QUE PARECE

Cuando pensamos en un pueblo agrícola de finales del siglo XIX podemos imaginar un comercio bastante rudimentario. Sin embargo, la venta de carne estaba sometida a bastantes controles.
El Ayuntamiento prohibía vender carne procedente de animales enfermos, mal alimentados o en mal estado, y obligaba a que los inspectores municipales visitaran al menos una vez por semana a los vendedores. La carne considerada no apta debía inutilizarse inmediatamente, y reincidir podía terminar incluso ante los tribunales.
También había normas muy concretas para las carnicerías: las reses no podían permanecer colgadas hacia la calle, el establecimiento debía mantenerse limpio y cada puesto tenía que mostrar claramente qué clase de carne vendía y a qué precio. Además, la carne debía colocarse sobre mesas limpias para que el comprador pudiera verla sin necesidad de tocarla.
Especialmente curioso resulta el control de la carne de cerdo. No podía sacrificarse un animal sin la presencia del inspector correspondiente y debía ser reconocido microscópicamente antes del consumo, una preocupación sanitaria muy vinculada a enfermedades como la triquinosis.
Y todavía había más: entre junio y agosto se restringía la matanza de determinadas reses, y la carne procedente de pueblos próximos no podía venderse en Almoradí si el animal no había sido sacrificado en el matadero local, salvo determinadas garantías.
Todo esto nos dibuja un Almoradí donde la carne no llegaba simplemente del corral al mostrador. Había matadero, inspectores, reconocimiento sanitario, horarios de sacrificio y normas de venta.
Hace más de 130 años, la seguridad alimentaria ya era asunto municipal.
Fuente: Ordenanzas Municipales de Almoradí, 1889. Arts. 130-159.
