Fin de semana en París (Día 3)

“Oh, la, la…la Torre Eiffel”
Pues resulta que hemos madrugado y después de desayunar ☕️nos hemos dicho alegremente: “venga, nos vamos andando que la torre Eiffel se ve desde aquí , debe estar a un paso”. Sí, a un paso, detrás de otro ¡A casi hora y media!. Pero bueno, al final llegamos, muertos, pero llegamos.
Conforme te vas acercando a la Torre te vas asustando: gente pa aburrir -aquello parece el congreso de la Alcachofa- y dos horas más de cola para llegar a la taquilla, ya que queríamos subir andando hasta la cima y esa entrada no la venden por internete, aunque al final resulta que te dejan en la segunda planta y el resto lo haces en ascensor. ¡Menos mal, porque mira que hay escalones!.
Total, que las vistas “presiosas”, aunque personalmente me gusta más desde abajo ya que una vez que subes solo ves hierros. El día que les moleste que me lo digan, que tengo un conocido en Almorqadí que se dedica a la chatarra y al cobre que en un plis plas te la desmonta.
Y otra cosa, no pedirse en la segunda planta un zumo o un helado porque tendrás que hipotecar tu casa. Nosotros, por eso de ser románticos nos dijimos: “oye, una copa de champagne en la cumbre tiene que ser lo más…”. Pero una vez dentro del “Bar à Champagne” preguntamos precios y amablemente nos excusamos “no es por el dinero, es que se va a hacer tarde para bajar en el ascensor”.
También nos pasó por la cabeza comer en la segunda planta donde hay un restaurante muy mono llamado “Les Jules Vernes” con un menú degustación de los de “categoría” que incluye 7 platos más quesos, pero nos pareció poca cosa, seguro que íbamos a acabar con hambre. No es por los 500€ que nos iba a costar. Total, que acabamos por los Campos Eliseos en un MacDonald, pidiendo un menú Big Mac con patatas de luxe grandes y un MacFurry que te deja “rinchío”. No hay color.
Antes de volvernos al hotel nos hemos paseado por “les Champs Élysées” para sacarnos los ojos por las tiendas de lujo, los hoteles de lujo, las aceras de lujo y las papeleras de lujo…hasta los perritos que pasean van con collares de lujo. ¡Vaya lujo!
Al final hemos comprado una torre Eiffel que es una lamparilla que ahuyenta los mosquitos y cambia de color, una cosa fina y preciosa para decorar cualquier espacio. Eso sí, la hemos comprado en una tienda china de souvenires al lado del hotel.
Y bueno, aquí estoy poniéndome gotas en los ojos (escuecen tras sacármelos por los Campos Eliseos) y lavándome los pies en el cómodo bidé de la habitación, que los tengo llenos de “bambollas” por culpa del poli que me quitó en el aeropuerto mi DevorOlor. Ahora mismo a cenar, y mañana a Disney.
