
«El Corralón»
La causa fue que los frailes lo reconstruyeron sin esperar las directrices que marcaría Larramendi.
También sin respetar el plano, se había construido una posada cuyo titular era el “tío Tano”, que era una edificación que obstaculizaba el tráfico y ocupaba parte de la calzada, avanzada la calle Obispo Herrero.
Además el Corralón estaba atravesado por dos acequias: la de Cotillén y la del Convento, y había al otro lado algunas barracas y la carpintería del “tío Socato”, a la que se accedía a través de unas palancas.
El Corralón estaba muy abandonado, a pesar de ser un sitio relativamente céntrico, y creó muchos problemas a las autoridades hasta que se urbanizó.
El 16 de junio de 1927 se acuerda “declarar de urgencia las obras de apertura y urbanización de ésta calle por motivos de higiene y orden público, ya que en él se albergaban todos los vagabundos y mendigos, constituyendo un foco de infecciones, constituyendo una amenaza para la propiedad y la seguridad personal”.
A pesar de la demolición de la posada, limpieza del tramo y la construcción del puente para las acequias, la calzada quedó libre, pero en los solares resultantes seguirían acampando transeúntes y siendo un continuo foco de problemas.
Definitivamente el problema se resolvió en octubre del año 1957, cuando se canalizaron las acequias, se derribó la última barraca que quedaba junto a la acequia y se derribó el edificio de Bodegas Sánchez que taponaba la calle Miguel Hernández (antes General Goded).

