
Domingo de Ramos: el día que estrenábamos primavera
Había algo especial en aquel domingo. No era solo la procesión, ni la misa, ni siquiera la palma. Era el ritual.
El armario se abría como si fuera un cofre. La ropa nueva esperaba su momento. Y daba igual que el viento todavía cortara o que el sol apenas calentara… era Domingo de Ramos y se estrenaba. Sin discusión.
Los pantalones cortos antes de tiempo.
Las sandalias con calcetines blancos.
El jersey “por si acaso”.
El flequillo perfectamente peinado.
Y esa colonia que parecía querer anunciar nuestra llegada a todo el pueblo.
Las madres apurando los últimos detalles. Las rodillas brillantes. Las orejas rojas de tanto frotar. Y la palma, la más grande, porque ese día había que lucirla.
Luego la procesión. La misa. El paseo.
Y la foto. Siempre la foto de Mariaquiles.
Ese lateral del paseo se convirtió, sin saberlo, en nuestro pequeño álbum colectivo. Allí crecimos año tras año. Allí quedó retratada nuestra infancia.
Domingo de Ramos no era solo una fecha.
Era el día en que el pueblo entero olía a colonia, a ilusión y a estreno.
¿Quién no guarda todavía esa foto? ![]()
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