DÍA MUNDIAL DEL AGUA 💧💦

Hoy abrimos un grifo y el agua brota sin esfuerzo. Tan cotidiano, tan automático… que apenas reparamos en el privilegio que supone.
Pero no siempre fue así.
En Almoradí —como en tantos pueblos de la Vega Baja— el agua marcaba el ritmo de la vida. Nuestras bisabuelas lavaban la ropa en la acequia Mayor. Los “aguaores” recorrían las calles vendiendo agua para beber. El riego dependía de azudes, acequias y del ingenio de generaciones que aprendieron a convivir con un recurso escaso y valioso.
El agua no era un simple servicio.
Era trabajo, organización, comunidad… y supervivencia.
Infraestructuras como el Azud de Alfeitamí nos recuerdan que nuestra historia está profundamente ligada al agua. Gracias a ella prosperaron nuestros campos y se sostuvo nuestra economía.
Hoy, cuando hablamos de calentamiento global, emergencia climática o desarrollo sostenible, conviene mirar atrás para entender algo esencial:
el agua nunca fue infinita.
Millones de personas en el mundo aún lo saben demasiado bien.
Valorarla, cuidarla y gestionarla con responsabilidad es también honrar nuestra historia.
📷 Fotografía: Vista aérea del Azud de Alfeitamí.
