CUANDO LOS NIÑOS SACABAN LAS ANDAS DE LA SAGRADA FAMILIA

Hubo un tiempo en Almoradí en que, al llegar determinadas fechas, un pequeño grupo de niños podía aparecer por cualquier calle llevando sobre sus hombros unas diminutas andas.

Eran las andas de la Sagrada Familia, una de aquellas costumbres que mezclaban devoción, juego infantil y vida de barrio.

Y buena parte de la gracia estaba en hacerlas ellos mismos.

Con unos trozos de madera preparaban la estructura y la cubrían con papel de seda de colores, formando una especie de pequeña cueva. Para pegarlo utilizaban «gacheta», una mezcla de harina y agua que servía de pegamento.

Dentro colocaban a San José, la Virgen y el Niño, muchas veces simplemente mediante una estampa. Una flor —frecuentemente un geranio— y una pequeña vela encendida completaban aquellas humildes andas. 

Después comenzaba lo verdaderamente divertido.

Los niños, normalmente amigos o vecinos de la misma calle, iban de casa en casa con sus andicas y, al abrirse la puerta, formulaban una pregunta que muchos mayores todavía recordarán:

—¿Se canta o se reza?

Si en aquella casa había alegría, la respuesta era «se canta» y comenzaban todos juntos:

La Sagrada Familiaha entrado en mi casa…

Pero si recientemente había fallecido alguien de la familia, entonces no se cantaba. Los niños rezaban un Padre Nuestro por los difuntos de la casa. 

Y al terminar llegaba también la pequeña recompensa.

Unos céntimos normalmente y, en las casas más pudientes, hasta una peseta. Era aquel aguinaldo que hacía todavía más atractiva la ronda para los pequeños.

Aunque siempre podía aparecer algún vecino con ganas de hacerlos rabiar que, ante la solemne pregunta de «¿se canta o se reza?», respondía:

—Ni se canta ni se reza, que me duele la cabeza. 

Aquello también formaba parte de la diversión.

Hoy puede resultar difícil imaginar una cuadrilla de niños recorriendo las calles de Almoradí con unas andas fabricadas por ellos mismos, una estampa, un geranio y una vela.

Pero fue otra de aquellas pequeñas cosas que hicieron diferente la infancia de nuestros mayores.