Cuando la carne desató otra guerra vecinal con Algorfa

En el verano de 1844, Almoradí y Algorfa vivieron una disputa tan intensa como curiosa… y todo giraba en torno a la venta de carne.
Los carniceros de Almoradí estaban indignados: denunciaban que, a apenas unos pasos del límite, en el Puente del Río, los vecinos de Algorfa mantenían un improvisado puesto de venta. Aquello, decían, era injusto y contrario a las normas, pues la carne debía venderse en el centro de las poblaciones.
Pero Algorfa no se quedaba callada. Su alcalde defendía con fuerza a sus gentes: repartidos en caseríos, sin un núcleo urbano consolidado, aquel puente era su verdadero punto de encuentro, el lugar donde se abastecían y desde el que partían hacia la iglesia, el Mercado o el cementerio de Almoradí. Además —aseguraban—, allí se llevaba comprando carne desde hacía más de cuarenta años.
La tensión creció tanto que las autoridades intervinieron, sancionando al alcalde de Algorfa. Finalmente, el Gobierno Civil le multó con 600 reales de vellón. El 11 de julio de 1844, a las seis de la mañana, un celador de policía llegó para notificarle la sanción… pero, ¡el pago nunca se efectuó! Y la venta de carne siguió en el mismo sitio.
Una vez más, el Puente del Río aparece como testigo de disputas, costumbres y vivencias que forman parte de nuestra memoria colectiva.
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