CUANDO JUGÁBAMOS A «PUÑO O VAINA»

Seguro que muchos lo recuerdan. Dos equipos, una pared y pocas contemplaciones.

Los de un equipo se colocaban agachados, uno detrás de otro, formando una especie de «burro». Los contrarios tomaban carrerilla y saltaban encima hasta quedar todos montados.

Entonces llegaba el momento decisivo: uno de los de arriba mostraba el puño cerrado o la mano abierta —la vaina— y preguntaba:

—¿Puño o vaina?

Los de abajo tenían que acertar. Si lo conseguían, se cambiaban los papeles; si fallaban, tocaba seguir aguantando.

Era una variante de un juego antiquísimo que aparece también con nombres como chinchimonete, con pequeñas diferencias según lugares y generaciones.

No necesitábamos nada más. Ni pelota, ni tablero, ni juguetes: unos cuantos amigos y una espalda resistente.