CUANDO IR AL MERCADO ERA TODO UN ESPECTÁCULO

Hoy vamos al mercado a comprar, pero hace más de un siglo acudir a él era también una de las grandes distracciones de la semana.
Imaginemos el ambiente de aquellos mercados de finales del XIX: huertanos ofreciendo sus frutas y hortalizas, ganaderos negociando animales, vendedores de telas, sombreros y zapatos, y un sinfín de voces intentando atraer compradores.
Pero lo más curioso eran los charlatanes y vendedores ambulantes. Algunos ofrecían remedios supuestamente milagrosos; otros recitaban romances acompañados de una guitarra. También había artistas callejeros, saltimbanquis y personajes capaces de reunir a un buen corro de curiosos.
Y entre tanta actividad, los animales tenían su propio protagonismo: gallinas, conejos, pavos y gallos compartían espacio con vendedores y compradores.
El mercado no era solamente un lugar de comercio. Era el punto de encuentro donde se compraba, se negociaba, se cotilleaba y, de paso, se pasaba la mañana.
Una estampa que nos ayuda a imaginar cómo debieron de ser aquellos antiguos mercados de nuestro pueblo.
📖 Fuente: José García Martínez, Bosquejos lugareños (1893), relato «El cuerpo del delito»
