ASÍ QUISIERON QUE FUERAN SUS ENTIERROS EN EL ALMORADÍ DE 1613

¿Cómo se preparaba un entierro hace más de cuatrocientos años en Almoradí?

La extraordinaria donación de Las Bóvedas que mosén Martí Tomàs e Isabel Joan Tomàs hicieron en 1613, al convento de los Mínimos, contiene una parte especialmente curiosa: dejaron por escrito cómo querían que se desarrollaran sus propios funerales cuando murieran.

Y no dejaron demasiadas cosas al azar.

Ambos dispusieron que, llegado el momento, sus cuerpos recibieran sepultura en la iglesia de San Francisco de Paula de Almoradí.

Querían un entierro con «pompa religiosa», al que debían asistir todos los religiosos del convento y los capellanes de la iglesia de San Andrés, cantando el oficio y celebrando las misas de difuntos acostumbradas.

También determinaron el lugar donde inicialmente debían quedar sus cuerpos: en unos ataúdes o depósitos situados bajo el altar mayor.

Y describieron incluso cómo debía presentarse el féretro durante las ceremonias.

Sobre él debía colocarse un paño negro con una cruz carmesí en el centro. Terminada la misa, los sacerdotes debían reunirse alrededor del túmulo y cantar un responso por sus almas.

Pero aquella primera sepultura no tenía por qué ser definitiva.

El documento contemplaba que, cuando la iglesia estuviera terminada y llegara el momento oportuno, sus restos fueran trasladados a la sepultura que se prepararía en la capilla mayor.

Y todavía dejaron establecido un privilegio familiar bastante singular: si algún pariente suyo hasta la cuarta generación deseaba ser enterrado en su sepultura o en la de los religiosos, debía permitírsele gratuitamente, celebrándose también sin coste los oficios ordinarios de difuntos.

Incluso pensaron en quién mantendría aquella vinculación familiar con el convento: nombraron como patrono de la capilla mayor a su sobrino Pere Pastor y a sus descendientes, que debían suceder a los fundadores.

Hoy hablamos de testamentos, seguros y últimas voluntades. Hace cuatro siglos también se pensaba cuidadosamente en la muerte.

Solo que entonces podía quedar escrito hasta el color del paño que cubriría el túmulo, la cruz que llevaría encima, quién cantaría alrededor del cadáver y el lugar exacto donde descansarían los restos.

Así quisieron preparar su despedida mosén Martí Tomàs e Isabel Joan Tomàs en el Almoradí de 1613.

Fuente: escritura de donación de 30 de noviembre de 1613. ARV, Manament i Empares, 1613, II, 22, 29v. Transcripción publicada por David Bernabé Gil.