Almoradí, un pueblo con historia “real”

La relación de Almoradí con la Casa Real española es bastante interesante, una conexión profunda que dejó huella en su trazado, su memoria y hasta en su industria.
Tras el terremoto de 1829 la Corona actuó de inmediato. Bajo el amparo de Fernando VII, el Estado financió la reconstrucción de la villa, y sorteó las nuevas viviendas entre los vecinos más necesitados, un gesto de apoyo y esperanza que marcó el renacer del pueblo.
Como agradecimiento, el pueblo dedicó varias calles a la monarquía (Infantes, Príncipe…), en la de la Reina se conserva una de aquellas casas originales que alberga actualmente el Museo del Terremoto.
Con el paso del tiempo, el vínculo se hizo festivo. En 1846, el Ayuntamiento organizó solemnes funciones en honor a la boda de Isabel II con el infante Francisco de Asís de Borbón. Las crónicas describen un pueblo volcado, alegre y agradecido, que vivió aquella boda como si fuese propia.
Años más tarde, hasta una infanta (María Isabel de Borbón) pasó fugazmente por Almoradí, y aunque su visita duró apenas unas horas, los vecinos la recibieron con balcones engalanados, repiques de campanas y curiosos agolpados en la plaza: una muestra más del cariño local hacia la Corona.

Ya en el siglo XX, el nombre real volvió a aparecer de una forma curiosa. Los Hermanos Díez, pioneros de la industria conservera en Almoradí, lanzaron sus productos bajo la marca “Reina Victoria”, en homenaje a la esposa de Alfonso XIII.
De la reconstrucción a las fiestas o a la fabricación de conservas, la Casa Real siempre ha estado muy presente en la historia de Almoradí.
Recreación de la IA del paso de la Infanta por Almoradí.