AL QUIOSCO…RECUERDOS DE MI PUEBLO

Recuerdos de Manolete Lucas

Nos daban la paga el domingo y salíamos volando hacia el paseo en busca de los quioscos, con la pretensión de invertir la peseta que recibíamos en alegría, llenando nuestros bolsillos de chucherías.


Y allí en la plaza estaba el quiosco del «Callosino», donde podíamos encontrar de todo lo que nos gustaba: caramelos, barritas de regaliz, pipas, anises, bolitas de chicle, cacahuetes, sidral en tubitos de papel (Madre mía, qué bueno!). Y también se vendían recortables, cromos, tabaco, máscaras (caretas).

Y se alquilaban novelas del oeste, de terror, de amor (Corín Tellado), policíacas… Y podíamos comprar sobres con estampas coleccionables de fauna, de monumentos del mundo, de fútbol… y se exponían tebeos de «El Jabato», «El Guerrero del antifaz», El Capitán Trueno», «Pumby», «TBO», «Pulgarcito», Sissi»… Y muy cerca de éste, se hallaba el quiosco de la «Tía Juanorra», también muy surtido de chucherías y en alguna ocasión «panochas» de maíz asadas. No solía ir con frecuencia, debido a que el mostrador quedaba algo alto y aunque me subiese a una pequeña repisa en la parte inferior, casi no llegaba.
También estaba el quiosco del «Tío Joaquín», el de los periódicos (» El Alcázar», «Arriba», «ABC», «Pueblo», «7 fechas»,etc.),el de los fascículos coleccionables, el de recargar mecheros, el de las chuches, novelas y especialmente el de las quinielas.


Después se instalaría el quiosco de Manuel Quiles «El conductor», que tuvo la feliz idea de instalar un pequeño altavoz en lo alto de un árbol para oír, los domingos, la retransmisión de los partidos de fútbol del Real Madrid, del Barcelona, del Atlético de Bilbao, aquel de Carmelo, Orúe, Garay, Canito… En torno a este aparato permanecíamos nerviosos para gritar entusiasmados los goles de nuestros ídolos.
Más tarde pasaría a ser de Pepe Santacruz, gran amigo, que llegaría a ser delegado local de la ONCE.


Y recuerdo también a la «Tía Mota», con su mesita, vendiendo cañamones fritos, cartuchos de pipas, liriones, chufas, tacos de regalicia…
Y no se puede olvidar al «Tío datilero», con aquel enorme tronco de palmito blanco como la leche… Estaba riquísimo!
También había un quiosco en la calle Miguel Hernández (antiguo mercado de ganados) justo enfrente de Bodega Sánchez. Era conocido como el quiosco «El Pancho». Y algún otro que vendría después.


No pude olvidar que en cierta ocasión, un fortísimo vendaval logró abatir alguno de estos quioscos, que al ser de madera, cayeron como castillos de naipes, aunque lograron resurgir como resurgió el Ave Fénix, hasta la época en que se reconstruyeron de bloques de hormigón. Después fueron desapareciendo poco a poco, en silencio…Los nuevos tiempos anunciaban que su tiempo se había agotado . Y desde la perspectiva de niño, si hubiéramos tenido que calificarles, por lo mucho que significaron en nuestras vidas, seguro que le habríamos dado un sobresaliente «cum laude». Porque hicieron realidad nuestros deseos, nos endulzaron la vida y nos alegraron una gran parte de nuestra niñez .