El romántico Paseo Elevado

La Plaza que actualmente conocemos poco, o nada, tiene que ver con la reconstruida tras los terremotos de 1829. Tras estos, se decidió crear un romántico Paseo elevado justo en el centro de la misma (no confundir con La Parrala que fue muy posterior), al que se accedía por cuatro escalinatas que coincidían, unas con la puerta principal de la Iglesia y la calle San Emigdio, y las otras dos a las calles Purísima y Rosario.

Los accesos estaban delimitados por unos arcos de hierro forjado, que a partir de 1854 se remataron con unas bonitas farolas de aceite que, diariamente, se encargaba de encender el sereno.

Dos filas de arbolado, enormes olmas, aseguraban una magnífica sombra a esta Glorieta que estaba cerrada por una balaustrada en hierro que servía de respaldo a los bancos de piedra.

El tamaño del Paseo, que hoy día todos seguimos llamando así, era de 50 metros de largo por 20 de ancho, y el tránsito de carruajes bordeaba los cuatro laterales.  En la primera década del pasado siglo, desafortunadamente, se decidió eliminar y reemplazar su arbolado…