DE LA DEVOCIÓN POPULAR A LA HERMANDAD

Cuando en 1926 aparece ya documentada la actividad de la Hermandad del Santísimo Cristo de las Campanas, Almoradí no estaba creando una nueva devoción. El Cristo llevaba más de un siglo formando parte de la vida religiosa del pueblo.

Lo realmente interesante de aquellos años no es, por tanto, volver a preguntarnos de dónde procedía la imagen o cómo sobrevivió al terremoto de 1829. Esa historia ya es conocida. Lo novedoso está en observar cómo aquella antigua devoción fue creciendo hasta convertirse en la principal del municipio, presente en la parroquia, en las fiestas, en la agricultura, en la Semana Santa y hasta en la prensa.

Las fuentes de finales del siglo XIX y del primer tercio del XX permiten seguir ese proceso con bastante claridad.
El 19 de marzo de 1896, El Diario de Murcia publicaba una breve noticia desde Almoradí: «Se está construyendo en el taller de D. Antonio Caballero, un precioso altar para el Santo Cristo de las Campanas».

La noticia, aparentemente sencilla, tiene bastante importancia. Sabemos por fuentes anteriores que el Cristo ya disponía de altar y capilla en la Iglesia de San Andrés. Por tanto, Antonio Caballero no estaba creando el primer espacio de culto de la imagen. Lo que parece evidente es que a finales del XIX la devoción tenía entidad suficiente para justificar la construcción de un nuevo altar o una profunda renovación del existente.

En 1926, un número extraordinario de la revista “El Pueblo” reserva varias páginas a Almoradí. Allí se publica una fotografía de la antigua imagen (que acompaña éste artículo) y nos habla de que la Hoja Parroquial de Almoradí tiene entre sus principales objetivos difundir la devoción del Santo Cristo de las Campanas.

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Eso significa que en 1926 existía ya una actividad consciente y organizada destinada a extender su culto. No hablamos únicamente de una devoción espontánea transmitida de padres a hijos, sino de una advocación que ocupaba un lugar central en la acción pastoral de la parroquia.

Ese mismo año aparece además documentada la confección del estandarte de la Hermandad, según la documentación conservada y recogida posteriormente por Roberto Cabrera.

Es precisamente este conjunto de indicios —actividad parroquial, estandarte, cultos organizados y presencia pública— lo que permite situar 1926 como un momento decisivo en la fundación de la Hermandad.

La prensa de noviembre de ese mismo año describe una jornada completa de festejos en su honor: banda de música desde primera hora de la mañana, misa solemne, carrera de cintas en bicicleta, procesión por las principales calles y castillo de fuegos artificiales.

En aquel caso, además, los actos habían sido costeados por José Cases, como cumplimiento de una promesa relacionada con su hijo destinado en Marruecos. Ese detalle resume muy bien la religiosidad popular de la época. Las promesas individuales terminaban convirtiéndose en celebraciones colectivas.

Hay otro aspecto especialmente interesante y menos conocido. El Cristo de las Campanas fue también Patrono del Sindicato Agrícola Católico de Almoradí. En una población donde la agricultura determinaba la economía, las relaciones sociales y buena parte de la vida cotidiana, ese patronazgo tenía un enorme significado.

No era simplemente el Cristo de la iglesia. Era también el Cristo de quienes vivían pendientes del agua, las cosechas y las plagas.

En 1930, el programa oficial de Feria vuelve a demostrar esa estrecha vinculación. El día 27 se celebraba una solemne función religiosa en honor del Santísimo Cristo de las Campanas, con asistencia de autoridades, Comisión de Festejos y Junta Directiva del Sindicato Agrícola Católico. La misa era cantada por músicos de la Sociedad Murciana de Profesores de Orquesta y los cultos eran sufragados íntegramente por el Sindicato Agrícola.

Es difícil encontrar una prueba más clara de hasta qué punto la advocación estaba integrada en la sociedad agrícola almoradidense.

Otro documento excepcional aparece en la Semana Santa de 1928. El semanario El Pueblo relataba que el Cristo de las Campanas había destacado especialmente porque su trono apareció iluminado eléctricamente, una novedad que el periódico calificaba como algo nunca visto hasta entonces en Almoradí.

La encargada del ornato de la imagen era Ángeles Díaz Galant, a quien la publicación felicitaba expresamente. La iluminación eléctrica de un trono en 1928 suponía incorporar modernidad, esfuerzo económico y cierta espectacularidad a la celebración religiosa. Era una manera de dignificar públicamente la imagen y demuestra que alrededor del Cristo existía ya un grupo de personas que cuidaban cuidadosamente su presencia en las procesiones.

El programa de Feria de 1930 permite comprobar además que la advocación estaba completamente integrada en las fiestas mayores del municipio. El 27 de julio se celebraba la función religiosa específica del Cristo y, tres días después, el 30, la gran procesión cívico-religiosa de los Santos Abdón y Senén y del Santo Cristo de las Campanas, presidida por autoridades y Comisión de Festejos y acompañada por bandas de música y dulzaina.

Esto explica algo que hoy puede resultar extraño: durante aquellos años el Cristo todavía no tenía una fiesta separada de la Feria como la conocemos actualmente. Su gran celebración pública formaba parte del calendario festivo de julio, junto a los Santicos de la Piedra. La posterior fiesta de septiembre pertenece a otra etapa de su historia.

La Hermandad parece surgir, por tanto, para algo fundamental: organizar lo que el pueblo llevaba mucho tiempo viviendo espontáneamente.

Colaboración literaria realizada para la revista de la Hermandad de 2026