TOMÁS CAPDEPÓN: EL HOMENAJE QUE TORREVIEJA LE RINDIÓ TRAS SU MUERTE

La importancia de Tomás Capdepón Martínez fue mucho más allá de Almoradí. Hoy una de las principales calles de nuestro pueblo conserva su nombre, pero resulta especialmente significativo descubrir que Torrevieja quiso honrar al político almoradidense inmediatamente después de su muerte, casi treinta años antes de que lo hiciera oficialmente su pueblo natal.

Tomás Capdepón falleció el 4 de febrero de 1877. Apenas unas semanas después, el 19 de marzo, el Ayuntamiento de Torrevieja abordaba una singular iniciativa promovida por el vecino Ángel Solano Bueno.

Solano solicitó al Ayuntamiento un pequeño espacio de terreno para levantar un monumento en memoria del fallecido diputado a Cortes Tomás Capdepón, quien había mantenido una estrecha relación con Torrevieja y había llevado algunos de los problemas de la localidad hasta el Parlamento.

La Corporación no solo aceptó la propuesta. Acordó cederle cuatro o cinco metros cuadrados en el centro de la entonces Plaza de la Victoria para levantar el monumento y tomó una decisión todavía más importante: la Plaza de la Victoria pasaría a llamarse Plaza de Capdepón.

El monumento nunca llegó a construirse. El propio estudio biográfico sobre Capdepón atribuye el fracaso del proyecto a los avatares políticos y a la precaria situación económica de aquellos años.

Pero el acuerdo municipal quedó escrito en las actas del Ayuntamiento de Torrevieja y constituye un extraordinario testimonio del prestigio que había alcanzado aquel almoradidense fuera de su localidad natal.

Existe además una curiosidad histórica que puede provocar confusión. Años después Torrevieja volvió a tener una Plaza dedicada a Capdepón, pero las fuentes históricas torrevejenses la identifican con otro importante político de la Vega Baja: Trinitario Ruiz Capdepón, natural de Orihuela y ministro en varias ocasiones. Aquella plaza acabaría convirtiéndose en la Plaza de los Caídos y es la actual Plaza de Miguel Hernández

Mientras tanto, Almoradí no dedicaría oficialmente una calle a Tomás Capdepón hasta 1906, veintinueve años después de su fallecimiento. 

Por eso aquel acuerdo de Torrevieja de 1877 tiene un valor especial: demuestra que la figura de Tomás Capdepón había trascendido las fronteras de su pueblo y que su labor política había dejado huella en otros lugares de la Vega Baja.

Un almoradidense al que Torrevieja quiso levantar un monumento y dedicar una plaza cuando apenas habían transcurrido unas semanas desde su muerte.

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