ADRIÁN FOLLANA Y EL BELÉN QUE ASOMBRÓ A TODA LA VEGA BAJA


Hubo unas Navidades en las que Almoradí tuvo un belén del que se hablaba en toda la comarca. No era una pequeña composición doméstica, sino una obra monumental construida durante años por un almoradidense, Adrián Follana Mira, que convirtió una afición en una auténtica creación artística.
A finales de los años cincuenta y comienzos de los sesenta, Follana ya era conocido por sus extraordinarios belenes. Uno de ellos, instalado inicialmente en un amplio local de la calle Perpetuo Socorro, llegó a atraer tal cantidad de público que el Ayuntamiento le encargó posteriormente su montaje en el Paseo para que pudiera ser contemplado por vecinos y visitantes.
Pero es una entrevista publicada el 6 de enero de 1961 la que nos permite conocer la verdadera dimensión de aquel trabajo.
El periodista lo bautizaba como «el Belén de la Vega Baja» y comenzaba aportando unas cifras que hoy siguen sorprendiendo:
👉 70 metros cuadrados de superficie.
👉 3.000 kilos de peso.
👉 Tres años de trabajo.
Adrián Follana tenía entonces 37 años, era comerciante de tejidos y padre de tres niñas. Su afición había comenzado construyendo templos a escala, casitas, lagares, fuentes, palmeras y otros elementos inspirados en la Biblia y en estampas de la época.
Cuando le preguntaron de dónde sacaba tiempo para semejante tarea, respondió con naturalidad:
«Quitándole al descanso».
Y reconocía que aquello que comenzó casi como entretenimiento había terminado por apasionarle completamente.
El belén reproducía el poblado, el nacimiento, la posada, un oasis y numerosos paisajes y lugares bíblicos. En el relato posterior se recuerdan palmeras, montañas, caseríos, matorrales y arenales, trabajados con un extraordinario cuidado.
Especialmente llamativas eran las palmeras.
Follana explicaba que cada una tenía entre ocho y nueve piñas y que el tronco estaba construido utilizando escamas leñosas seleccionadas y sometidas previamente a fuego para conseguir el aspecto adecuado.
¿Y cuánto tardaba en hacer una sola palmera?
Veinticuatro horas.
No extraña que cuando le preguntaron qué era lo que más le gustaba de toda su obra respondiera precisamente:
«Las palmeras».
Otra cifra da idea de la magnitud de aquella obra. Follana calculaba haber invertido unas 55.000 pesetas, pero advertía que ahí no estaba incluido el valor de los incontables días y noches dedicados a construirla.
El Ayuntamiento reconoció la importancia de la obra. Según la entrevista, un concejal le propuso subvencionar su montaje en la Plaza, concediéndole para ello 30.000 pesetas.
Montarlo tampoco era tarea sencilla: hicieron falta 33 días, y durante los cuatro últimos se trabajó prácticamente día y noche.
La noticia corrió por la Vega Baja.
Según contaba Follana, también llegaron expresamente visitantes desde Murcia.
Quizá una de las partes más entrañables de la entrevista llega cuando el periodista le pregunta qué estudios tenía que acreditasen aquella capacidad artística.
Follana responde sencillamente:
«No. Ahora estoy haciendo un curso de decoración por correspondencia».
Un hombre prácticamente autodidacta había conseguido construir una obra capaz de atraer visitantes de toda la comarca.
Y todavía tenía proyectos mayores: soñaba con comenzar un nuevo belén de 200 metros cuadrados.
Cuando desde Alicante le dijeron que el belén de Almoradí era «obra de un loco», tampoco pareció ofenderse demasiado. Su respuesta resumía perfectamente aquella pasión:
«Hay que estar loco para hacer lo que yo he hecho. Loco, sin duda, estoy ya».
Una maravillosa locura.
Durante aquellos años, el Belén de Adrián fue uno de los grandes acontecimientos de las Navidades almoradidenses, una de esas pequeñas historias locales que merecen ser recuperadas porque hablan de talento, paciencia y de un Almoradí en el que una obra realizada durante noches y horas robadas al descanso podía terminar convirtiéndose en motivo de orgullo para todo un pueblo.
Fuentes: entrevista publicada el 6 de enero de 1961 y testimonio «El Belén del pueblo» de Manuel Lucas.
