LA FOTO DEL COLE… EL DÍA EN EL QUE TODOS ÉRAMOS BUENOS

Dentro de “ná” vuelven las mochilas, los madrugones, los libros… y el cole.
Y eso me ha hecho recordar aquella fotografía escolar que todos tenemos guardada en algún cajón.

El maestro avisaba el día anterior:
—Mañana vendrán a haceros la foto. Venid con ropa limpia.

Aquello convertía una mañana cualquiera en un acontecimiento familiar.
Mi madre se tomaba la recomendación muy en serio: buena ración de colonia, limpieza de orejas y rodillas con toalla a modo de papel de lija, pelo bien peinado y la ropa de los domingos. Había que dejar claro para la posteridad que en aquel niño era el más guapo de la clase.

Después llegaba el fotógrafo.
Nos sentaba en una mesa bastante más elegante que las nuestras, colocaba delante algún libro que probablemente nadie había abierto jamás y, detrás, un enorme paisaje que pretendía trasladarnos a cualquier lugar menos a nuestra escuela.

—Sonríe.
Y uno intentaba poner cara de niño ejemplar, aplicado y de no haber roto un plato en su vida.
📸 ¡Flash!
Ya estaba.

Y ahora que está a punto de comenzar otro curso, quizá sea un buen momento para rescatar aquellas fotos. Porque uno las mira tantos años después y descubre que lo mejor de aquella fotografía no era salir guapo.

Lo más importante estaba pasando en nuestra infancia, alrededor de ella, pero entonces no sabíamos que algún día lo echaríamos de menos.