1583: EL DÍA EN QUE ALMORADÍ COMENZÓ A GOBERNARSE A SÍ MISMO

Un privilegio de Felipe II separó Almoradí de Orihuela y puso las bases de su primer gobierno propio

Hay fechas que aparecen en los libros de historia y otras que realmente cambiaron la vida de un pueblo.

Para Almoradí, una de ellas es el 5 de octubre de 1583.

Aquel día, en el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, Felipe II concedía al lugar de Almoradí el privilegio para convertirse en Universidad y quedar separado de la ciudad de Orihuela.

Pero cuidado con la palabra Universidad.

No había estudiantes, profesores ni facultades. En aquella época, ser Universidad significaba constituirse como una comunidad con personalidad y gobierno propios. Y eso, para el pequeño Almoradí de finales del siglo XVI, suponía un cambio enorme.

Hasta entonces dependíamos de Orihuela

Almoradí formaba parte de la jurisdicción de Orihuela. Con el privilegio de 1583 comenzaba una nueva etapa.

El propio documento lo expresa de manera inequívoca: Almoradí debía ser desde entonces una «universitat distinta y separada de la ciutat de Oriola», con:

«govern, regiment e administració de per sí»

Es decir, gobierno, régimen y administración propios.

No se trataba, por tanto, de recibir simplemente un título honorífico.

Felipe II estaba poniendo las bases para que Almoradí pudiera gobernar sus propios asuntos.

¿Y qué consiguió Almoradí?

Aquí está lo verdaderamente fascinante del privilegio.

Sus páginas nos permiten asomarnos al funcionamiento del pueblo hace más de cuatro siglos.

Almoradí podría disponer de jurados y consejeros propios, celebrar sus reuniones de gobierno, elaborar ordenanzas, administrar determinados recursos y elegir algunos de sus oficiales.

También obtuvo algo que hoy puede parecernos sorprendente: el derecho a celebrar un mercado semanal.

Y mucho más.

Se reguló el abastecimiento de trigo y otros alimentos, la imposición de determinadas cargas, la rendición de cuentas de los gobernantes, la administración de justicia…

Almoradí llegó a conseguir Justicia propio, cárcel e incluso una picota o lugar público para ejecutar determinados castigos.

Todo eso aparece, negro sobre blanco, en el privilegio de 1583.

La independencia tuvo un precio: 5.000 libras

Felipe II recuerda en el propio documento que Almoradí había realizado un servicio a la Corona de 5.000 libras.

Era una cantidad enorme.

Y el Rey llegó a incluir una cláusula bastante llamativa: si se demostraba que alguien había exigido o recibido clandestinamente más dinero del autorizado para conseguir el privilegio, Almoradí podía perder la concesión y también las 5.000 libras entregadas.

La autonomía, además, no significaba empezar económicamente desde cero.

Había que determinar qué parte de las antiguas deudas y cargas de Orihuela correspondía seguir pagando a Almoradí. El privilegio dedica varios capítulos a regular cómo debían hacerse esas cuentas.

Separarse tenía ventajas.

Pero también obligaciones.

Felipe II tampoco concedió todo lo que Almoradí pidió

Y esta es una de las partes más interesantes de la historia.

Cuando uno lee el privilegio completo descubre que los representantes de Almoradí fueron ambiciosos en sus peticiones.

Querían más competencias, mayor jurisdicción y un territorio considerable sobre el que ejercerla.

Felipe II aceptó unas cosas, modificó otras y rechazó algunas.

Por ejemplo, Almoradí solicitó cuatro jurados.

El Rey concedió tres.

Pidió amplias facultades en materia criminal.

La Corona mantuvo importantes limitaciones, especialmente para los delitos más graves.

Y Almoradí propuso unos límites jurisdiccionales que llegaban, siguiendo caminos, azarbes y otros hitos, hasta el mar.

Felipe II tampoco aceptó íntegramente aquella pretensión.

Por eso sería exagerado decir que Almoradí consiguió en 1583 una independencia absoluta.

Pero sí ocurrió algo trascendental:

Almoradí comenzó a gobernarse separado de Orihuela.

Así empezó una nueva historia

El documento termina ordenando a las autoridades del Reino que respetasen la nueva condición de Almoradí.

Y Felipe II se lo tomó bastante en serio: quien contraviniera lo dispuesto podía enfrentarse a una multa de 2.000 florines de oro de Aragón.

El privilegio quedó fechado:

San Lorenzo de El Escorial, 5 de octubre de 1583.

Y al final, la fórmula que daba autoridad a todo lo anterior:

«Yo el Rey».

Más de cuatro siglos después, aquel extenso documento nos permite reconstruir algo mucho más interesante que una fecha.

Nos permite descubrir cómo empezó a funcionar Almoradí como pueblo con gobierno propio.

Quién gobernaba.
Cómo se tomaban las decisiones.
Cómo se abastecía de trigo.
Dónde se celebraba el mercado.
Quién administraba justicia.
Qué delitos podía juzgar.
Por qué necesitaba una cárcel.
Qué impuestos podía cobrar.
Y hasta dónde llegaba su autoridad.

Eso es precisamente lo que iremos descubriendo en los próximos capítulos de esta serie.