Una tarde en el IKEA

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No hice foto de la marabunta de gente que te arrastra por todo el Ikea, pero esta foto del Rocío os puede hacer una idea. Haber, igual exagero un poco, no tenerlo en cuenta.

Pues resulta que aprovechando los últimos días de vacaciones y de que ya ni queda dinero ni ganas de ná, nos dijimos “pues oye, al Ikea 🪑que se está fresco”. 🚗 Y pa Murcia que nos fuimos.

Y es el fresco 🥶lo que más agradeces, porque los cinco minutos desde que aparcas hasta la entrada es el mismísimo infierno.¡Qué calor 🔥 hace en Murcia! Total que entras y lo primero que haces es robar un lápiz (o dos) y un metro de papel, que siempre vienen bien en casa, y ya te dispones a dejarte llevar por la marabunta. Y digo bien, marabunta.
Dos o tres millones de personas, como Zombies, te arrastran por un recorrido lleno de flechas por el suelo y cuartos “cuquis” repletos de detallitos que siempre piensas “qué mono…”. Detallitos con nombres impronunciables que a mi se me antojan insultos o algún rezo a los dioses nórdicos: “Vitemölla” lo serás tú.

Lo que no cuentan es que esos detallitos te los dan rotos en una caja llena de 50.000 piezas y tornillos, de los que luego te sobran la mitad, y que tienes que ser ingeniero aeroespacial o el mismísimo Nikola Tesla para montar durante diez meses el dichoso “Vitemölla”. A tomar por saco.

Son muy listos y la primera parte del recorrido te lo terminan justo en la cafetería, pa que gastes. Allí te puedes tomar unas “almóndigas hubudroll” que son justo lo contrario de como nos las comemos por aquí. La pinta tira patrás.
También te dan un 🥃 vaso, que al principio dices “un poco caro pa estar vacío”, pero que no, resulta que te lo rellenas las veces que quieras. Eso sí, no buscar grifo de cerveza, no hay.

Bueno, pues tras el “piscolabis” te haces el ánimo y te bajas a terminar el recorrido por otro laberinto lleno de más enredos de nombres impronunciables. Hasta un “Jöputica” pude leer…¿seguro que no se están riendo de nosotros?.

Llegados a este punto, la mayor parte de varones nos adelantamos y nos salimos a la zona de salida, donde hay unos sillones bastante cómodos con wifi y un supermercado lleno de cosas raras suecas. Me pillo un sitio y el móvil y allí me paso el resto de la tarde, aunque también me he comprado un par de botellines de cerveza sueca con el bonito nombre de “Öl ljus lager”, por la curiosidad de saber si está “regulinchi” (ya os contaré).

Y nada, tarde pasá.
Te lo recomiendo si te gustan las “almóndigas” suecas (aunque una leyenda asegura que están hechas con la gente que no consigue encontrar la salida) y rellenar 20 veces el vaso “by the face”. Pa muebles y cositas cuquis mejor el pueblo, que te lo llevan montao y te lo dejan niquelao.

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Al final no pude resistirme y me traje esta bonita cabaña de madera. En la exposición de Ikea está monísima, ya veremos cómo me queda. De momento no encuentro la llave de allen, tendré que volver a reclamar.