FIN DE SEMANA DE SAN ANDRÉS ROMÁNTICO (día 2)

SEGUNDO DÍA

A las 6 de la mañana debemos estar a diez grados bajo cero y tenemos los ojos 👀 como platos, ya que la dichosa cabañita🏠 no tiene persianas ni contraventanas. Poco me parece lo que voy a pagar por tan maravilloso amanecer🌝que se clava en los ojos, y por disfrutar de tanta tranquilidad y naturaleza. Con lo que no contábamos es con la boria🤦🏻‍♂️.

Lo primero es desayunar, así que solo he tenido que bajar hasta el coche -a medio kilómetro- y subirme las cápsulas de Nespresso que, lamentablemente no son compatibles con la cafetera ☕️de la cabaña. Una pena. Tampoco hay tostadora, así que acabamos tomando 🍞 pan de molde y un vaso de leche 🥛 con Nesquik. Intentamos tomarlo en la terracita, pero a pesar de las miradas de complicidad romántica y de llevar el esquijama de felpa, un chándal, el guatiné y tres mantas, el frío nos congela las extremidades por lo que desistimos. Lo hacemos sin hablarnos, solo con la mirada, pero porque no nos sale la voz del frío y por la olor a granja porcina.

A las ocho bajamos a por el coche🚗 y emprendemos bajada pal pueblo ⛰que nos han dicho que es 🤩 precioso, aunque con esta boria…. También he intentado cortar -cómo en las películas- dos troncos de los gordos…imposible..compraremos carbón🔥 en la gasolinera.
Bueno, el caso es que en media hora estamos en el pueblo: cuatro calles, una plaza y una Iglesia. Ahhh, y una tienda que hace de panadería, bar y farmacia. Esto es otro nivel. La paz -y el aburrimiento- que se respira es contagiosa. A las diez ya hemos visto el pueblo y nos comemos un bocadillo de panceta en la tienda y comprado Biodramina. Bajamos 40 kilómetros para ver el otro pueblo que nos han recomendado: Pinar de nosequé…con siete calles, una Iglesia y un museo de trajes típicos. Apasionante😩.

Bueno, son las doce⏰, asi que nos volvemos a la cabaña a disfrutar de la paz y tranquilidad de la montaña, con las cartas y el parchís. Está resultando un viaje inolvidable y romántico😍♥️, aunque mi señora empieza a mirarme mal. Dejaremos para mañana la sorpresa que le he preparado: una ruta de ocho horas de subida disfrutando del paisaje cargados con mochilas 🎒 para almorzar junto a un “chorrito” de agua. Deseando estoy y, conociéndola, seguro que le va a hacer mucha ilusión.

De lo que queda de día, nada destacable. Hemos empezado un libro, una partida de parchís y hemos dormido la siesta 💤 para hacer tiempo. Nada de móvil, sólo para escribir esta crónica. A las 9 a dormir que el día se hace largo.
Esto es un no parar, y lo recomiendo encarecidamente a todos aquellos que solo tengan ganas de morirse. ¡Cómo no había venido antes! Lástima de boria.

Que pena que esto se acabe pronto y que tenga que volver a mi casa, al consumismo de netflix, internet y las cervezicas frescas. No veo la hora.

Foto que no hace justicia a la maravilla que en realidad es. Lástima de boria…