“LE VIENE DE PILA»

En cierta ocasión me vino en hacer observar un amigo de que dos muchachuelos vecinos y de distinta madre se parecían como dos gotas de agua el uno al otro.
Dejó a mi libre razonar el llegar a conclusión.
Las madres y los padres de ambos no tenían ninguna relación de sangre y parentesco y nunca me pasó por la mente el que aquello fuera una pura casualidad. Todo coincidía: gestos, fisonomía, manera de andar, hechura del cuerpo …
Sólo hallé una diferencia: en que el padre de uno era el dueño de una finca y el otro un humilde labrador en la misma.
Los padres de los chicuelos eran «compadres»; el amo había sido padrino en el bautizo del hijo de su labrador y lo sería también el día de su boda. Era la costumbre porque el compadre, rumboso, cargaba con todos los gastos.
Estos casos dieron pie a la socarrona frase de «le viene de pila» y todos, así como mi amigo, no entenderían mucho de las jugarretas de los genes, pero a buen seguro que eran observadores y un mucho recelosos.
«Por Tierras de aluvión» de Manuel Galant
