La tienda de ultramarinos de La Guadalupe


En la posguerra surgieron en Almoradí las tiendas de ultramarinos, pequeños comercios donde todo cabía: sacos de legumbres, fideos a granel, vinos, bacalao en salazón, café recién molido, jabón en pastillas, latas de sardinas, galletas surtidas o el codiciado chocolate “de onza” que los niños mirábamos con deseo desde el mostrador.
Se llamaban “ultramarinos” porque, en su origen, vendían productos que venían de “ultramar”: del otro lado del océano -cacao, café, especias o azúcar-, aunque con el tiempo el nombre acabó aplicándose a toda tienda de comestibles.
Ahí estaba, por ejemplo, la tienda de “La Guadalupe”, lugares no solo de abastecimiento, sino de conversación y vida cotidiana. Entre el aroma a café, jabón y bacalao se tejían las noticias del pueblo, las risas y los favores, como el de la libreta del “fiao”, ya que pocos podían pagar al contado.
En la década de los 50 y 60, antes de la llegada de los supermercados, las tiendas de ultramarinos era sinónimo de confianza y cercanía.
¡Que necesitabas «Flit» (ahora me entero que llevaba T final)? No lo dudes: la GUADALUPE era tu establecimiento.

Muchos nos preguntamos ¿ Porqué la cerraron? Quizás no os hayáis detenido a pensarlo bien, pero esa no es la pregunta correcta que debemos hacernos. No tenemos que preguntarnos porqué o cuándo la cerraron, sino por “cuándo fue la última vez que compramos en aquella tienda que ahora vemos cerrada”.
Y es que, en cierto modo, los verdaderos responsables del cierre del comercio tradicional somos nosotros, los propios consumidores, que hemos abandonado a su suerte a estas tiendas y las hemos sustituido por otras en nuestros hábitos de compra. Es lo que hay…
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