Las fábricas de jabón

En el Almoradí de principios del siglo XIX, el jabón no se compraba: se fabricaba. Con aceite de oliva de baja calidad o usado, barrilla de los saladares, agua y mucha paciencia, cocían la mezcla en grandes calderos que, al enfriar, se convertía en duros bloques.
El jabón resultante se destinaba a
Limpieza de ropa y vajilla, Aseo personal, y para su venta en mercados, ya que era un producto de consumo básico y estable.

Antes y después del terremoto de 1829, en Almoradí existieron pequeñas fábricas de jabón, que aprovechaban los recursos de la huerta y el ingenio de sus gentes para producir un bien esencial, símbolo de limpieza e higiene.

Aquel jabón, tan simple, representaba algo más que higiene: era orden, esfuerzo, y esperanza en tiempos difíciles.

Precisamente en el Museo del Terremoto también se conserva la memoria de lo cotidiano. El fregador original de piedra de la vivienda, ha completado su esencia con una pastilla de este tipo de jabón casero y la barrilla, la planta que se usaba para obtener la sosa natural con la que se elaboraban estos jabones.

Así, entre agua y piedra, se mezclaban las conversaciones, los recuerdos y el esfuerzo de cada día. Una tabla de lavar, unas manos curtidas y la espuma del jabón eran testigos de una vida sencilla, pero llena de ingenio.

🪣 Puedes verlo en el recorrido del museo y descubrir cómo, antes de la comodidad moderna, cada gesto cotidiano era casi un arte.

Gracias a Pedro Garcia Vaillo Maribel Bastidas Trives y Trinitario García Regalado por las donaciones.

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