El “Repeso”

En las actas municipales de finales del siglo XIX se repite una escena muy curiosa: el Ayuntamiento de Almoradí dedicaba sesiones completas a hablar de balanzas, cántaros y arrobas.
No era capricho. En una época sin básculas digitales ni organismos de consumo, la honradez del comercio dependía de las pesas y medidas oficiales, guardadas en la Casa Consistorial bajo llave. Era el cuarto del repeso ¿os suena?

Cada cierto tiempo había que revisarlas. Los vendedores de pan, aceite, vino o grano debían acudir al Ayuntamiento para contrastar sus instrumentos con las medidas del municipio, que llevaban grabado el sello del consistorio.
Cualquier diferencia podía acarrear multas o la confiscación del género.

La “justicia del peso” era una cuestión de confianza pública. Los vecinos sabían que cuando compraban a peso era el justo.
En un pueblo eminentemente agrícola, donde todo se vendía a granel, esa simple balanza de hierro simbolizaba la garantía de un comercio justo.