Peladillas, casas y esperanza: cómo debió vivirse el sorteo de viviendas tras el seísmo

El 20 de octubre de 1830 -apenas un año después del terremoto- Almoradí vivió uno de esos días que se quedan grabados en la memoria: se sorteaban las primeras 89 casas del nuevo Almoradí entre “pobres y viudas”, con motivo del nacimiento de la hija del Rey Fernando VII. Fue un día repleto de ilusión y júbilo: la gente expectante, esperando su nombre, agradecidos por la posibilidad de un hogar propio.
Entre los asistentes también se repartieron humildes confites de almendra con azúcar, las famosas peladillas artesanas — un símbolo de celebración . 🏡🍬

Las peladillas son almendras cubiertas de azúcar, tradicionales en la Comunidad Valenciana y muy usadas en celebraciones. La historia es antigua: ya en época romana se recubrían frutos secos con miel, y más tarde, en la Edad Media y Renacimiento, se extendió la técnica de confitado. Se dice que lo habitual era repartir hasta cinco peladillas, una por cada deseo simbólico: salud, felicidad, prosperidad, longevidad y fertilidad — como quien lanza bendiciones junto con almendras-.
Imaginar: la calle repleta de vecinos, familias incompletas, emoción en los rostros, nombres que se leen y quienes lo escuchan celebran.
Las peladillas solo fueron el dulce de aquel momento, pero fueron un símbolo material de una comunidad que, con esperanza, aguardaba un lugar al que llamar casa.
Ilustración creada con IA
Imagen: Peladilllas en el Museo del Terremoto.
