La producción de aguardiente en Almoradí

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Antes del devastador terremoto de 1829, el municipio contaba -según Miñano- con una fábrica de aguardiente, junto a la producción de trigo, vino, aceite y cáñamo.
Aquella fábrica, situada probablemente en las afueras del casco urbano y próxima al río o a una acequia, utilizaba vino local y melazas para destilar el aguardiente en alambiques, una tarea artesanal que requería paciencia, precisión y buen olfato.
El aguardiente no era solo una bebida: era también una fuente de ingresos y, en muchos hogares, un remedio o un bien de primera necesidad.
Con el terremoto desaparecieron los talleres y oficios que formaban parte de la vida diaria, pero la producción de aguardiente volvió a resurgir como una de las primeras actividades económicas (fuente: Pascual Madoz).
La destilación, junto al trabajo agrícola y artesanal, se convirtió entonces en símbolo de la recuperación y la perseverancia de sus vecinos: un oficio heredado, capaz de volver a levantarse de entre los escombros, igual que el propio Almoradí.
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