Gregorio Canales Martínez

Hay personas que no solo estudian un territorio: ayudan a comprenderlo, a quererlo y a conservar su memoria. Gregorio Canales Martínez es una de esas voces imprescindibles para entender la Vega Baja y la historia reciente de nuestra tierra.
Hay personas que ayudan a comprender mejor la tierra que habitamos. Personas que dedican toda una vida a estudiar, investigar y poner en valor aquello que define nuestra identidad colectiva. En las últimas semanas os he hablado de figuras como Pedro Ruiz Reig, David Bernabé, Fuensanta Andreu o Ricardo Flores. Hoy quiero detenerme en otra persona imprescindible para entender la Vega Baja: Gregorio Canales Martínez.
Catedrático de Geografía Humana y una de las voces más autorizadas en el estudio de nuestro territorio, Gregorio ha dedicado décadas a investigar la huerta tradicional, los sistemas históricos de regadío, la evolución de nuestros pueblos, el paisaje agrario y la estrecha relación entre la sociedad y el medio que la rodea. Buena parte de lo que hoy conocemos sobre la historia, la organización y la transformación de la Vega Baja lleva, de una forma u otra, su huella.
Su prestigio trasciende ampliamente el ámbito comarcal. Investigador, autor de numerosas publicaciones científicas y participante en proyectos de referencia, su trabajo ha sido reconocido en el ámbito académico nacional por el rigor, la profundidad y el compromiso con el conocimiento del territorio.
Pero quienes tenemos la suerte de conocerle sabemos que su mayor valor no está únicamente en su brillante trayectoria universitaria, sino en su disponibilidad absoluta para colaborar, orientar y compartir conocimientos, siempre que ayuden a divulgar nuestra historia y patrimonio. Personalmente, he tenido la fortuna de contar con su ayuda en iniciativas como el Ecomuseo y Ruta del Agua o el Museo del Terremoto, siendo además uno de los mayores especialistas en el seísmo de 1829 y autor de obras de referencia sobre aquella catástrofe que marcó para siempre la historia de nuestra comarca.
Vivimos en una tierra llena de talento. Sin embargo, no siempre reconocemos suficientemente a quienes han dedicado su vida a estudiarla, interpretarla y transmitirla.